Fotografía blog: A. Stieglitz, In Erwartung der Heimkehr, 1896

martes, 31 de diciembre de 2013

Sombra





Sombra




 





















Fotografías:Roger Populaire, Set of 8 glass positives made by Roger Populaire, +- 1920, Belgium, no inscriptions


miércoles, 20 de noviembre de 2013

COSECHA DE PATATAS






COSECHA DE PATATAS





Otto Scharf, Kartoffelernte (cosecha de patatas)-1908





















miércoles, 18 de septiembre de 2013

EL OTRO RÍO






EL OTRO RÍO




Constant Puyo, Méandre-1906 







      Miro en la otra orilla que no se ve, miro lo que miraba, tal vez, es parecido. Veo lo que lavaban, parece que están lavando… algunas veces, aquellos inestimados días aparecidos en el verano de unas mañanas anchas escapadas del orden, birladas de la pared que las colocaría detrás de la muralla del tiempo.

Aburrimiento, juego, el placer de obtener una mirada para los ojos que entienden, leen, interpretan, construyen y tienen porque se desentienden de retener. Yo actora, yo niña, yo sin saber que protagonizaba el placer cuando asistía a la trascendencia de lo superfluo, cuando vivía para admirarme si se me mojaban los pies, por imitarlas a ellas que parecía que se reunían allí para constituir, de una vez para siempre, la gesta de ir a lavar y la gesta del río.

Todo a su alrededor era del agua, todo a mi alrededor era del río: la tajuela, los trapos, los cantos en la pared, las explanadas de hierba, aquel sol fulgurante que se fundía con las insinuaciones del rincón empinado, a la derecha, con sus majestuosas zarzas; todo el silencio del hombre lo contenía el rincón al que jamás me acerqué, y sin el cual no hubiera habido paisaje. 
















domingo, 18 de agosto de 2013

PRINCIPIO DE LA NOCHE






PRINCIPIO DE LA NOCHE





Josef Koudelka SPAIN.
Castellon Province. 1975.





























DESEO I







DESEO





Josef Koudelka FRANCE. Paris. 1985.
Woman walking through an archway













sábado, 17 de agosto de 2013

MUNDO







MUNDO






Ferdinando Scianna
Cava d'Ispica. (I Siciliani)




















martes, 13 de agosto de 2013

ADARAJAS






ADARAJAS 
























sábado, 11 de mayo de 2013

SUEÑOS






SUEÑOS





Pieter Bruegel, El viejo censo en Belén




















* Winterlied (Volkslieder/Folksongs), Felix Mendelssohn






domingo, 3 de febrero de 2013

LIMBOS






LIMBOS 




August Sander






      No me atrevo a contradecir las cosas que ya no veo. Las nubes, los abanicos, los botones: los enumero, ¿qué podría yo hacer sino recorrerlos?, si los llevo enganchados como a una tempestad y me muevo cuando se mueven y si aparecen yo me aparezco. Y sin embargo, no obtienen más realidad cuando hago eso; lejos de mí, ellos conspiran, se amotinan o desvanecen o no estuvieron.

¡Pero qué frío aquello!, cuánta abundancia se despeñó por los desfiladeros de la garganta y enumeraba, enumeraba, estoy segura que enumeraba, mas nunca en ellos. No respondían a ninguna de las ondulaciones con las que sumergía mi cuerpo en su país, en su suelo, adentro de sus horarios, ¡no!, ¡no!, ¡no!, ¡tanto polvo!, ¡los reflejos!, ¿qué casas? Ya voy siempre de paso, las raíces de antaño se enredan con las palabras y ya nunca se pueden juntar tus dos manos, y ya nunca atranca la puerta.












LA ARMÓNICA




LA ARMÓNICA
















      Nada se pierde aunque nosotros no lo encontremos, aunque yo mire una vez y otra vez y me parezca que toda mi vida he estado allí tratando de levantarme. De levantarme, sí, y de darme la vuelta, antes, cuando todo se resumía a un no poder porque estaba terriblemente enfadada pero a la vez completamente enamorada de lo que me decían, y para mí no existía otra ninguna cosa que la de permitir que todo me arrebatase. Yo no podía impedir que en mi cabeza me deslumbraran de aquella forma  cuando se descubrían, jamás antes había yo visto mundos así, me mantenía en brincos de una luz a otra luz, nada supe de mí, todas las veces eran aquellos los que a mí me creaban. ¿Cómo no oir el ruido limpio al cerrarse, la puerta aquella maravillosa puerta terrible, como yo? Y ya no era que me dejaran adentro, era ese ruido metálico, firme que, según dijeron, significaba adiós. Y ya jamás pude dejar de ob esaservar esa montaña de misteriosos decretos. El olor a galletas me hizo pequeña, de ella mejor no hablar, de ella no digo nada, de ella tan sólo el cuello, un cuello imperecedero como una soga celeste a la que me aferré mientras seguía la iridiscencia de los pasillos, unos pasillos hechos con barandillas como olas del agua; en una enorme brazada, una de ellas me fue a depositar dentro de un sueño, creo que me dormí todos los siete años que no tenía, creo que imaginé lo que luego pasó, nadie me dijo de dónde vine ni cómo ni para qué, ni tan siquera si yo o ellas íbamos a volver. Tan increíbles, no los pude encontrar porque aquello eran varios, multitudes de mundos, cada cual con su tiempo, cada vez con su voz. El tiempo de cuantos eran se me metía en la piel, sobre todo en los ojos; descubrí el chocolate, mis dedos se transformaban con su color, se me volvían hormigas, cada cosa me comenzaba, cada cosa me atenazaba, ¿qué podía yo hacer?, si debajo de cada puerta que se giraba aparecía una sombra que eran historias que eran canciones que después eran la explicación de que las ramas se siguieran moviendo y fabricaran las noches e hiciesen ruidos. Cuando la puerta gigante se volvía a abrir era el Arroz, era el arroz mi familia. Yo no he visto jamás nada tan duradero como ese ir a buscarme en los rostros que aquel Blanco Universal. El Universo era piel, el trocito entreabierto junto a la oreja que a veces veía y a veces no, era mucho más elocuente que todas las letras juntas, que todo el tartamudeo de las clases o el sol, una raya en el pelo, la inclinación al hablar de una cintura, ¡tan incesante!

Y me quedé así sentada en el primer escalón, y debieron pasar todos aquellos mundos y ahora no sé, ahora no sé si todavía estoy o es que anduve sonámbula Mi pequeña mamá me había dejado una armónica plateada que se perdió… no te sabría decir, pero siento que desde allí todo confluye, siento que reverbera, siento su voz como si nunca hubiera cesado.















*Fotografía Lollipos, 1910. Gertrude Kasebier












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